Estaba en juego la futura residencia de la sede pontificia en Aviñón o en Roma, reflejo de un conflicto que mantenían los cardenales franceses e italianos.
Reunidos los dieciséis cardenales en el Cónclave, y ante el reclamo del pueblo romano, eligieron a un Papa italiano, más precisamente napolitano, Urbano VI.
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