Los franceses optaron por aceptar la autoridad de Clemente VII, que no querido en Italia, se trasladó a la antigua sede de Aviñón. También contó con el apoyo de Escocia y España.
Los ingleses, italianos, alemanes y el pueblo de Flandes, aceptaron a Urbano VI.
La situación era insostenible. La autoridad de la cristiandad dividida, ponía dudas acerca de cual era la legítima, y se imponía una solución al problema. La Universidad de París, estableció tres formas de poner fin a la engorrosa situación: La primera consistía en que ambos Papas abdicaran, la segunda, que se reuniera un Concilio y decidiera definitivamente la cuestión, y la tercera, la designación de un árbitro con acuerdo de partes.
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