Ante la imposibilidad de resolver el problema desde el seno mismo de la iglesia, se pidió ayuda al emperador romano, Segismundo, quien organizó un concilio ecuménico que se reunió el 1 de noviembre de 1414, en la ciudad de Constanza, que declaró su autoridad por sobre la del papado.
Gregorio XII, renunció, y se depuso a Benedicto XIII, el 26 de julio de 1417, acusado de hereje, el último de los tres Papas que continuaba en el mando.
El desenlace definitivo se produjo el 11 de noviembre de 1417, cuando fue elegido como único Papa, Odo Colonna, a partir de entonces, Martín V, quien se mantuvo como jefe supremo de la Iglesia Católica hasta 1431.
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